El disco de toda una vida. Un cello, un cuarteto de cuerda y un coro góspel, órganos eléctricos y pianos, oleadas de guitarras eléctricas y acústicas. Un disco que va de lo íntimo a lo cósmico, épico sin sonar grandilocuente, y en el que Bill nos recuerda verdades universales con voz sabia y palabras certeras.