Paco y Virgilio gozan de una cierta popularidad en las Comisarías de Policía y sus huellas dactilares están cuidadosamente archivadas en la Dirección General de Seguridad. Viven de su ingenio en el tocomocho, de su destreza en los tranvías aliviando 'sañas' o carteras y de lo que sale, que les salen las cosas más insólitas. Una crisis de conciencia de Virgilio, que éste contagia a Paco, originada a su vez por dos chicas muy guapas que se llaman Julita y Katy, les convierten en guías de los más fascinantes recorridos turísticos por Madrid. Aunque ahora dentro de la Ley, siguen siendo dos pícaros y les siguen ocurriendo las cosas más increíbles.