
La grabación de una obra tan compleja y ambiciosa como la Quinta Sinfonía de Gustav Mahler de la Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM) es una muestra de la determinación y el entusiasmo con el que el grupo afronta su 30 aniversario. Trabajo altamente artístico, la Quinta Sinfonía de Mahler es de gran extensión e intensidad expresiva; está lleno de un simbolismo profundo y una espiritualidad evidente. Es un monumento musical e intelectual que prueba la calidad de una orquesta y su director. Es un reto que, en un mercado repleto de referencias a la obra maestra del compositor austríaco, la OFM afronta con todo el potencial que demanda la obra. En sus primeras cuatro sinfonías, Gustav Mahler intentó identificarse con cuatro ideas: la primera, el poder de la voluntad contra el destino; el segundo, esperanza en la resurrección; en el tercero un cierto panteísmo 'nietzscheano', y el cuarto es un manifiesto musical sobre la inocencia. En todos ellos hay ese tipo de lirismo juvenil que tienen sus primeras canciones, un estilo que se corta de raíz en su Quinta Sinfonía, finalizada en 1902 y estrenada en Colonia por la Orquesta Gürzenich el 18 de octubre de 1904 bajo la dirección de la autor. El lenguaje que utiliza en su Quinta Sinfonía parece anticiparse al futuro, en una especie de tonalidad progresiva que tiende a una cierta inestabilidad armónica y refuerza las palabras del propio compositor que, seguro de su maestría técnica, llega a decir: 'No habrá elementos románticos o místicos en mi trabajo; será simplemente la expresión de un poder inigualable de la actividad de un hombre a la luz del sol, que ha alcanzado su clímax vital'.