La autora de este libro coge mal el lápiz. Lo ha cogido mal desde niña, cuan-do algunos profesores se empeñaban en corregirla porque «hay que escribir como Dios manda», e, incapaz de aprender, ha seguido cogiéndolo mal hasta el día de hoy, con todas las consecuencias. Porque... ¿puede acaso salir buena letra de un lápiz torcido? Ésta es una de las cuestiones que planean sobre este conjunto de cuentos: la de la escrituraindócil, libre y acelerada, la escritura que araña yrasga la memoria, que destroza los recuerdos y hace de ellos otra cosa. Las historias que aparecen en estevolumen abordan temas como la culpa y la redención,la falta de libertad y esos «pequeños instantes, epifanías, revelaciones, imágenes que se abren, palabrasque se desdoblan», cuando «algo se quiebra, y todo cambia». Niños que se resisten a obedecer y que viven con asombro y soledad el difícil proceso de crecer, chicas rebeldes cuya rebeldía es subterránea, rabiosa ypoco aprovechable, seres atormentados ?o no? por losremordimientos y las dudas, picabueyes y nutrias querepresentan agresión o consuelo, el desconcierto devidas en apariencia normales que a veces encierran crímenes y otras únicamente el deseo de cometerlos.