La maestra y los padres de Massimo creen que al chico hay que «arreglarlo sin falta». Avispado e imaginativo pero muy inquieto, Massimo no presta atención en clase y se ve envuelto en muchas trastadas sin pretenderlo. Por ello se siente como una víctima incomprendida, a la que todo se le vuelve en contra. La llegada de Claudia, una maestra que se desplaza en silla de ruedas, cambiará su suerte. Ella se mostrará sensible hacia este chico enamoradizo y travieso y le hará entender que ayudando a los demás se ayudará a sí mismo.