Con seis canciones de fondo y 600 millas de ancho y una música que oscila entre la tranquilidad y algo parecido a un ariete hecho de pilas de Marshall, Mind Burns Alive encuentra al cuarteto navegando por el reino sónico entre la inquietud y la serenidad de una manera que hace guiños a los esfuerzos anteriores al tiempo que avanza con una intensidad singular. Con este álbum, Pallbearer sigue invocando una atmósfera de introspección desnuda y sin adulterar y la catarsis resultante que conlleva.