Escrita entre 1818 y 1823, la Missa solemnis de Beethoven fue el resultado de una intensa investigación teológica y musical en la biblioteca de su dedicatario, el archiduque Rodolfo de Austria. Es, según el propio Beethoven, su composición más ambiciosa. En esta grabación, René Jacobs nos muestra que también es la más elevada. Es la obra de un compositor con sentimientos religiosos muy arraigados y una profunda ternura por la humanidad, tan seguro de su arte que podía crear aquello que va más allá de la forma litúrgica y expresa en términos musicales la universalidad de la trascendencia divina.