En los mosaicos de Piazza Armerina, Semini retoma los Respighi enclaustrados de las ventanas de la iglesia. La evocación de las figuras en azulejos de colores se traduce en el uso de motivos que se superponen continuamente, creando un efecto rotacional y cíclico, que alude a la eternidad del arte, siempre capaz de morir y luego resucitar. Por su parte, Hindemith creó la 'música del uso': un laboratorio de arte y artesanía, destinado a vivir más allá del mito romántico de la inspiración trascendental.