La forma de tocar el piano de Arturo Benedetti Michelangeli es hasta el día de hoy muy elogiada por su tremenda reflexión. Podría pasar décadas sumergiéndose en una pieza para poder conocerla al revés. Su arte del tacto, su riqueza de matices y su refinado sentido del sonido son cualidades igualmente dignas de elogio que resultaron especialmente útiles para interpretar a Chopin y Debussy. Aquí, Benedetti Michelangeli presenta a un Mozart que afirma la vida, incluso vigoroso, con un orgullo casi olímpico. Su manera de jugar es siempre atrevida y, a veces, tremendamente apasionada.