Para el creyente cristiano se ha impuesto hasta ahora sin discusión la prohibición de quitarse la vida. Sin embargo, argumenta Hans Küng, un tránsito feliz ala muerte está fundado en el respeto profundo hacia la vida infinitamente valiosa de toda persona y no tiene nada que ver con un desdichado suicidio arbitrario. Pues, si todos tenemos una responsabilidad sobre nuestra vida, ¿por qué habría de cesar esa responsabilidad en su última fase? Tras Morir con dignidad (Trotta, 2010), este «opúsculo » sumamente personal surge de la voluntad, como precisa el autor en el prólogo, de «contribuir a un proceso de debate continuo» sobrela controvertida cuestión de la eutanasia, aportandola voz del teólogo, «él mismo afectado de una maneraexistencial por esta problemática ».