En noviembre de 1999, todo el mundo estaba preocupadopor el efecto 2000. Emma trabaja como asistente forense en Londres y, cuando su tía, la única familia quetiene, fallece, decide dejarlo todo y marcharse a Nueva Zelanda después de haber leído un artículo en larevista National Geographic llamado ''Nadie muere enWellington'', la ciudad con la tasa de felicidad máselevada y con menos muertes.