Compuestos entre 1805 y 1817 y publicados por Giulio Ricordi, los 24 Caprichos demuestran las capacidades del violín y presentan técnicas perfeccionadas o innovadas por Paganini. Sin duda heredó la tradición de la escuela italiana de violín, cuyo conocimiento de la técnica del violín probablemente no tenía rival. Pero llevó este legado a un nivel incomparable, dejando a sus contemporáneos y a sus epígonos, hasta hoy, en la admiración y el asombro. Considerados al principio injugables debido a su complejidad técnica, sus Caprices trascienden los simples ejercicios y ofrecen una experiencia auditiva cautivadora, llena de humor, magia, expresividad y variaciones imaginativas más allá de la simple velocidad. Estas composiciones exploran timbres variados, que van desde la imitación de trompas hasta la de flautas o fanfarrias, encarnando la incesante búsqueda de Paganini por la innovación artística en el campo del violín.