Mila creció a finales de los setenta en un barrio apartado y mal urbanizado, encajonado entre una autopista, un cementerio y un polígono industrial. Sus padres, payeses que cambiaron el tractor por la cadena demontaje, la llevaban a ver a un curandero que un díale dijo que tenía un «don» que se iría manifestando.Ahora que espera un bebé, Mila intenta desentrañar superplejidad hacia los propios orígenes.