Es sabido que en los siglos xvi y xvii la poesía burlesca fue ampliamente cultivada y también, aunque nos pueda sorprender, lo fue la poesía erótica y la pornográfica, difundidas casi siempre a través de copias manuscritas para evitar la censura. La poesía erótica carecía de prestigio y, por tanto, solía ser anónima. Sin embargo, los poemas en que se describían sueños eróticos eran, en muchos casos, de autor conocido y se difundieron también a través de la imprenta. No eran meras representaciones explícitas del acto sexual sino que, en muchos casos, el poema se confunde con el propio sueño.