Mediapunta siempre han aspirado a componer LA GRAN CANCIÓN POP, así con mayúsculas. Esa obsesión dominaba las cuatro canciones del disco de debut de los aragoneses, Amor olímpico, publicado ?cómo no? por Sonido Muchacho hace un par de años. Y esa vuelve a ser también la principal motivación de No quiero sentirme solo, su estreno en formato largo un disco en el que cada una de las diez canciones que lo componen se estira hasta casi tocar el cielo. Está en realidad cargado de melodías memorables, al borde casi siempre de saltar por los aires por la nula intención por parte del grupo de poner coto a su propia desmesura. Mañaneo, Extraterrestres, son canciones propulsadas por una energía cuasi?punk, pildorazos de tres minutos en los que la Mediapunta se lanzan a tumba abierta entre estribillos sha?la?las a contar historias de amor torcido, entre afortunadas imágenes de noches vino y rosas, invasiones aliens y luces estroboscópicas. Si Carolina Durante les han declarado su amor incondicional será por algo.