Está claro que si entendemos por soberanía el poder para actuar con autoridad exclusiva en el interior deun espacio físico delimitado jurídicamente, el anhelode la misma solo puede entenderse en clave de nostalgia. Porque no es el caso que en una época de irreversible globalización como la nuestra tanto los viejosbuenos tiempos del bienestarismo y la solidaridad declase, añorados por la izquierda, como los de la comunidad étnicamente homogénea y moralmente ordenada, echados en falta por la derecha, tengan el menor viso de volver a materializarse.