Nunca mires bajo el césped es posiblemente la primera novela que presenta a uno de los protagonistas con discapacidad severa: enfermedad «rara» o de baja prevalencia. Se trata del niño –eje central y testigo mudo–, que provoca involuntariamente el desenlace de la tragedia y voluntariamente la resuelve. Esta es una novela que comienza con un amor cosmopolita, sigue con una fase poética de amor a un niño con discapacidad, y, por fin, tras un episodio traumático, el relato desemboca en una novela negra de insólita crueldad, que describe un desconocido trasfondo social en la compleja sociedad mallorquina y los entresijos del nazismo en la isla. En ella se habla de fenómenos como la gentrificación en la isla con la «Migración de élite» y las Golden Visas, que afectan a las rentas bajas locales, a los emprendedores jóvenes de la tierra y al paso de patrimonio cultural a otras manos con la feliz aquiescencia de muchos propietarios. Asistimos también a la presentación de una peculiar pareja de policías: una inspectora que contempla los casos desde una perspectiva emocional, femenina y maternal, y el subinspector ayudante: soltero, psicólogo, gastrónomo, con un ojo clínico especial y un refinado sentido del humor.