
Una crítica radical de la esperanzaTodos, de un modo u otro, nos abandonamos a vanas esperanzas, seguramente para protegernos frente a la inmisericorde constitución de la existencia. En la historia de la filosofía estas esperanzas han adoptado multitud de formas. El mejor mundo posible, la sociedad civil perfectamente justa, la redención... Son convenientes ex machina que, dada su voluntad de mitigar un poco el desapacible carácter de la vida, dicen mucho más sobre como querríamos que fuese el mundo que sobre su naturaleza real. Tampoco el pesimismo filosófico se ha resarcido de esta ingenuidad, pero una forma más honesta de pesimismo es posible: un pesimismo que entiende el dolor y el placer como facetas del sufrimiento, un pesimismo que no retrocede horrorizado ante sus propios descubrimientos, un pesimismo absoluto.Dialogando con figuras como Mainländer, Bahnsen y Von Hartmann, H. W. Gámez explora la imposibilidad de la redención en un mundo que, atravesado ontológicamente por el dolor, persigue una meta inalcanzable: la salud.