Arturo Benedetti Michelangeli aporta su proverbial refinamiento y maestría técnica a dos obras compuestas unos años después: el gran concierto G de Ravel, jazz-inflected, y el cuarto concierto de Rachmaninov, más discretamente romántico que sus dos predecesores muy queridos. Con sus gradaciones infinitamente sutiles de color y tacto, Michelangeli resulta característicamente hipnotizante en ambos.