Sin duda Manuel María Ponce se erige como uno de los compositores para guitarra clásica de todos los tiempos. Raro sería el virtuoso que no reconozca su brillantez. Sin embargo, para alcanzar tales alturas, la historia tuvo que regalarnos un encuentro providencial con el mayor embajador de la guitarra en el siglo XX: Andrés Segovia. Su profunda relación de amistad, respeto y admiración, evidenciada a través de una fraternal correspondencia y declaraciones, comenzó en 1923. En ese momento, Ponce era profesor de Armonía en el Conservatorio Nacional de México y crítico musical. Manuel Ponce compuso las Sonatas entre 1923 y 1929, todas por encargo y dedicadas a Andrés Segovia. Constituyen la primera colección de Sonatas escritas en el siglo XX por un compositor no guitarrista, formando un corpus fundamental y único en el repertorio de guitarra de concierto. Cada Sonata posee características estilísticas y formales que el propio Segovia detalló.