El término «leyenda viva» es realmente apropiado para Martha Argerich, cuya deslumbrante amalgama de virtuosismo, perspicacia, eclecticismo, generosidad y misterio la convierten en una pianista de fascinación incomparable. Nacida en Argentina, formada en Viena y ganadora del Concurso Chopin de 1965, se convirtió en una figura a veces escurridiza cuya aparición y grabación despertaban una gran expectación.