¡440 páginas de la obra de Crumb! Este volumen abarca los años 1982 a 1989, un periodo en el que el artista estaba cómodamente instalado en la California rural criando a su pequeña hija Sophie, que aparece a lo largo de todo el tomo. Pero Crumb seguía siendo Crumb, y como declaró en un dibujo, sobre un árbol representado con esmero: “A medida que envejezco me vuelvo más retorcido, enrevesado, depravado, cínico, amargado, egocéntrico, hastiado, degenerado, despiadado, avaricioso, engreído, rutinario, prolijo, despistado, prejuicioso, cerrado de mente, misántropo, nervioso...”.Para corroborar este autoanálisis flagelatorio, sus páginas están llenas de sus perversiones características (en entornos campestres), mordaces comentarios sociales, autorretratos crueles, cubismo experimental... y hermosos paisajes silvestres. Su dominio de la pluma Rapidograph alcanza su cenit aquí, cumplidos ya los 40, solo lamentamos que no haya incluido su profética historieta sobre Donald Trump de 1989.