
El ex-Antonia Font ha vestido su nuevo disco de la forma más sencilla posible con sólo batería, bajo y guitarras. No falta la vida cotidiana, la soledad, el amor, y tampoco lo que ha definido su estilo poético desde siempre, una inmersión e stética en la s capas más evidentes pero a menudo desapercibidas del mundo. El disco suena potente, muy potente, quizás más que nunca. Destaca la batería de Xarli Oliver que crea una enorme sonoridad, un espacio donde las guitarras muy crudas impresionan por su proximidad. La captación del sonido es altamente detallada, se siente como si los músicos estuvieran justo cerca. Algo parecido ocurre con la voz, que explica los textos con rasgos interpretativos muy adecuados al mensaje. Una inesperada novedad, dada la ausencia absoluta de cualquier sintetizador, es la flauta travesera. El sonido electrónico es una de las características que ha definido la música de Oliver, pero esta vez se ha delegado toda esta función de ornamentación y arreglo a la flautista Lauriane Orsini. Esto casa a la perfección con el sonido extremadamente orgánico de bajo, guitarras y batería, y cierra el conjunto con una coherencia sin ninguna fisura. Cabe destacartambién su voz solista en el tema Puzzle no resuelto. Los otros colaboradores de lujo son Miquel Serra, que deja como testigo su voz pausada y personal, y Xantal Rodríguez del grupo Remei de ca la fresca, con su impresionante dote interpretativa.