Describir un álbum como 'música electrónica' hace tiempo que se queda corto. 'Romanticismo siempre' es un buen ejemplo. Grabado principalmente con sintetizadores, el álbum recorre un territorio que roza lo experimental y la pista de baile, adentrándose por momentos en ambos terrenos. Andrés Téllez, Delone, manifiesta en su título un claro compromiso: 'una oda a la vida, a no perder nunca esa pasión que es el motor que lo empuja todo, por muchos obstáculos que haya en el camino, como el amor, la locura o la muerte'. La necesidad de expresarlo está en el origen del disco. Su lenguaje musical es rico y variado. Entre sintetizadores, experimentación analógica, drones y psicodelia, aparecen muchas de las subculturas que han dado forma a lo que en su día se llamó 'música electrónica'. Destellos de trip hop, new age y protoelectrónica se amalgaman a lo largo del álbum, junto con toques de mutant house, breakbeats, IDM y trance. También aparecen otros géneros periféricos a los sonidos de club, como el post?rock o el kraut.