Si en sus anteriores trabajos Bestué observaba las estrategias que utilizan la arquitectura y la ingeniería para dotar de identidad a un lugar (en El Escorial: imperio y estómago abordó la pervivencia de un símbolo físico e ideológico que ha venido actuando como caja negra de las sacudidas de un país, en Historia de la fuerza analizaba el impulso de las estructuras que nos sostienen y que van conformando un campo semántico hilvanado con signos de puntuación), en este nuevo libro se interroga sobre elementos radicalmente opuestos. Frente a los grandes fustes de acero y los pétreos bloques de granito, el artista se fija en monumentos espontáneos realizados con materiales precarios, ladrillos y cemento, que en ocasiones apenas se mantienen en pie unos días, pero que nos interrogan sobre cuáles son, en la actualidad, nuestros centros simbólicos.