Dmitri Shostakovich es conocido principalmente por sus sinfonías y cuartetos de cuerda, obras que combinan cierto humor con oscuridad, melancolía y desolación. Pero el gran compositor también tiene un lado jovial, y en ninguna parte se percibe con mayor alegría que en sus Suites de Jazz, el Trote de Tahití y sus Suites de Ballet. Estas obras, junto con dos conciertos, continúan la colección de Capriccio con las Sinfonías, Música de Cine, Canciones Orquestales y Música de Cámara de Shostakovich. En el juguetón Concierto para piano, el humor cobra protagonismo en las numerosas citas de canciones, de sus propias obras y de Beethoven. Solo el sombrío Concierto para violín, retenido como la Cuarta Sinfonía por temor a represalias, no ofrece ninguna sonrisa.