La obra genial de Freud es esta reforma fundamental, este descubrimiento de un nuevo campo de experiencias, este ensanchamiento formidable del campo de acción del alma. De una sola vez la esfera anímica perceptible multiplica su extensión anterior y ofrece a la ciencia, debajo de la superficie, la profundidad. Merced a esta modificación en apariencia insignificante, todas las medidas del dinamismo psíquico quedan trastornadas, y de golpe las ideas decisivas aparecen sencillas y naturales.