“El pensar de manera “dramatúrgica” es una forma de conocimiento con los mismos derechos que el pensar filosófico o el político”.En este libro, Dürrenmatt ofrece una serie de reflexiones sobre el arte del teatro. Cuestiona el sentido del teatro argumentando que en nuestra época la única forma posible es la comedia y no la tragedia, a la que ya no tenemos derecho.Tampoco el escenario es un campo de batalla para fines teóricos, ideológicos o didácticos. “Describo seres humanos”, nos señala, “no marionetas, una trama no es una alegoría, fabrico un mundo, no una moraleja”. Señala además que el teatro contemporáneo tiene dos caras: por un lado, es un museo, por otro, un laboratorio.Si es verdad, como Dürrenmatt cree, que el mundo en el que vivimos ya no es uno solo, que únicamente se pueden insinuar y poner en escena fragmentos de él, entonces habrá que admitir que ya no existe un estilo, sino diversos estilos, y que el teatro contemporáneo solo puede ser experimentación.El lenguaje de la libertad es el de la ironía, y esto lleva a Dürrenmatt a ensalzar lo burlesco, “una de las grandes posibilidades de la concreción”, y la sátira, “un arte que es preciso esencialmente porque exagera”.“Escribo conociendo lo absurdo de este mundo pero sin desesperar”, dijo refiriéndose a sus comedias satíricas y poco moralistas en las que, a menudo, se mezcla lo cruel con lo grotesco.