Antonio Soler gozó de gran prestigio en el Palacio Real de España, El Escorial, donde sus contribuciones a la técnica del teclado, la innovación armónica y su identidad musical española sirvieron para salvar la brecha estilística entre el Barroco tardío y el Clasicismo temprano. Las innovaciones de Soler a menudo han sido pasadas por alto, pero las intrincadas modulaciones y la vitalidad rítmica de sus sonatas ofrecen una prueba contundente de su importancia. Las Sonatas núms. 99-111 ofrecen una riqueza de características fascinantes, que incluyen una ornamentación sofisticada, una síntesis de las tradiciones contrapuntísticas y folclóricas ibéricas, y cadencias humorísticas.