Las grabaciones de Rudolf Kempe de Richard Strauss han sido apreciadas durante mucho tiempo por su incomparable claridad y sutileza en la música que ha llegado a definir el temperamento del romanticismo tardío y su expresión de emociones muy tensas, ya sea en un estado de exaltación nietzscheana, en las cumbres de 'Así habló Zarathustra' o en la desesperación de posguerra de 'Metamorphosen'. Strauss ama las texturas complejas que Kempe y la Staatskapelle Dresden aclaran con la mayor habilidad y simpatía.