En The Congregation, Johnny Griffin se entrega por completo, respaldado por una banda que no baja el ritmo. Kenny Drew aporta un piano inquieto, Paul Chambers mantiene el groove, mientras que Art Blakey hace rugir la batería. El saxo tenor de Griffin es rápido, agudo, casi insolente, pero siempre controlado. Todo se mueve a alta tensión, conciso y directo. Un disco de grupo vibrante donde el hard bop se convierte en una cuestión de urgencia, compromiso e implacable avance.