En el panorama musical inglés de la segunda mitad del siglo XVIII, el nombre de Elizabeth Turner destaca como un raro ejemplo de una mujer músico que floreció en suelo británico. Fue una cantante de éxito en los escenarios de Londres entre 1740 y 1756, además de compositora y clavecinista. Las Six Harpsichord Lessons de Turner reciben aquí su primera grabación completa. Cada una está dividida en varios movimientos, a la manera de una sonata. El estilo de la obra se asemeja en muchos casos al de las canciones que la acompañan, cuyas melodías remiten claramente a los modelos de la tradición (desde Purcell hasta Boyce, pasando por Thomas Arne y Maurice Greene). Se trata de música destinada a intérpretes aficionados refinados y cultos, cuyas interpretaciones eran momentos de convivencia social en los que tocar constituía un puro placer. Sin embargo, en una sociedad como la inglesa, que relegaba el papel de la mujer en la música al horizonte de la diversión, el entretenimiento y el pasatiempo doméstico, la figura de Elizabeth Turner emerge con fuerza disruptiva y revolucionaria. Su tipo de revolución no es la que exige un cambio de paradigma, no aspira a romper moldes, no tiene vocación de destrucción: es una revolución suave, hecha de elegancia y gracia, y precisamente en su suavidad pide ser escuchada, una invitación que no podemos rechazar.