El cadáver de un joven aparece en una fábrica abandonada del centro de Madrid. El cuerpo desnudo presenta una cicatriz enforma de Y en el abdomen, como si ya la hubieran realizado una autopsia. Lo que no puede imaginar el inspector Mario Carrasconi Macarena Valverde, la subinspectora que esa misma mañana se ha incorporado a la unidad, es que cuando el doctor Leal del Anatómico Forense reabra el cadáver hallará algo que no debería estar dentro del cuerpo, y que todo apunta a que el agresor ha implantado post mortem. Un trabajo minucioso que no acaba ahí, no solo porque ha aparecido otro cadáver con «una pieza demás» en su interior. Pronto la policía recibe unos informes anónimos con las autopsias de los cadáveres y detalles personales que solo alguien que conociera a las víctimas con anterioridad podría saber.