La historia de la interpretación de la Messa da Requiem de Verdi está indisolublemente ligada al nombre de Herbert von Karajan. Dirigió la obra en innumerables ocasiones y en este mítico concierto la interpretó con algunos de los más grandes cantantes de la época: Anna Tomowa-Sintow, Agnès Baltsa, José Carreras y José van Dam. Verdi escribió su Messa da Requiem en 1873/74, entre Aida y Otello, para Alessandro Manzoni, un poeta a quien admiraba mucho. La Misa de difuntos de Verdi no está destinada al uso litúrgico sino a la sala de conciertos. Además de su profunda espiritualidad, esta obra maestra reúne las mejores cualidades de las óperas de Verdi: interminables líneas melódicas y cautivadores efectos musicodramáticos.