Si la naturaleza presenta choques olfativos, la tuberosa probablemente sea el mejor ejemplo de ello. Estas delicadas flores emiten un aroma casi carnal, que combina de manera casi milagrosa una frescura de floristería, una intensidad alcanforada (especiada y animal) y una dulzura cremosa. Este misterioso equilibrio siempre ha cautivado a los perfumistas. Dominique Ropion necesitó dieciocho meses para crear una versión moderna de este tema, una cumbre olfativa que solo los perfumistas más talentosos son capaces de alcanzar.
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