Siguiendo los pasos de numerosos grandes compositores del pasado, que crearon melólogos inolvidables, Danilo Comitini investiga dos itinerarios opuestos: de la normalidad a la perdición, como en la oscura trama del Gato Negro de Poe, y el de la maldad y el egoísmo a la benevolencia y la generosidad, como en El gigante egoísta de Oscar Wilde. La diferencia entre los dos textos conduce a algunas elecciones de composición opuestas, por ejemplo, en la cantidad de superposición entre el texto y la música que encontramos en estos dos ejemplos. El compositor Danilo Comitini utiliza un lenguaje en el que la melodía se utiliza en sentido tonal pero sin degenerar en nostalgia, mientras que el paulatino descenso a los infiernos del gato negro se materializa en la destrucción tanto de la melodía como de la armonía.