Händel compuso su oratorio La Resurrezione en 1707 con un libreto que proporcionó un marco dramático para su nueva obra: la lamentación por la muerte de Cristo contrastaba con los violentos intercambios entre el Ángel y Lucifer. Esto inspiró al joven Händel a componer música de una suntuosa riqueza y un dramatismo expresivo. En esta interpretación históricamente documentada, el director de orquesta Attilio Cremonesi ha investigado exhaustivamente el estreno de la obra en Roma en 1708.