Escrito por Brahms al final de su adolescencia, este Segundo Cuarteto para piano sigue de cerca al Primero y pone en práctica sus experimentos formales y expresivos. Esta gigantesca obra maestra, que dura más que la mayoría de las Sinfonías, sustenta su enorme arquitectura gracias a sus profundas innovaciones formales, reinterpretando creativamente las estructuras de la tradición. Brahms la interpretó por primera vez al piano, en la Gran Sala del Musikverein, dando testimonio de una concepción sin precedentes de la música de cámara, que abandonó los estrechos confines de la música privada en favor de la sala de conciertos.