Esta música no tiene aire ni luz. Es un débil latir del corazón. No se le pide llegar más allá de unos milímetros en el espacio, pero sí la misión de penetrar en las grandes profundidades de nuestra alma y las regiones más secretas de nuestro espíritu. Esta música es callada porque su audición es interna. Contención y reserva.Su emoción es secreta y solamente toma forma en sus resonancias bajo la gran bóveda fría de nuestra soledad. 'La música callada, la soledad sonora' presentidas por San Juan de la Cruz encontrarán en estas páginas un anhelo de realidad. Esta música, fiel a mi credo estético, es símbolo de renuncia. Renuncia a la continuidad en la línea ascendente de progreso y perfección en el Arte, porque en esta escalada de picos abruptos, es necesario alguna vez descansar, torcer la ruta, tomar empuje, si queremos seguir adelante. Primitivismo aparente. El nuevo punto de partida es ideal y situado en nuestra época. Nuestra cueva tiene sus paredes limpias frente al futuro.