El músico y compositor de jazz Roberto Laneri entabla un fructífero diálogo con la gran tradición occidental de la música clásica. Tomando prestado de una práctica 'tan antigua como la música misma', como él mismo la define, Laneri considera las obras maestras del pasado como un material que se puede manipular, 'deconstruir' y 'reensamblar', en un proceso que no es irrespetuoso, sino revela más bien la profunda admiración que sentía por la música del pasado, aunque se la apropiara en su propio idioma. Las fuentes empleadas por Laneri van desde Dowland a Weill, de Tarrega a Liszt, de Debussy a Strauss, y en la mayoría de los casos se transfiguran para representar visiones de un invierno imaginario. Laneri toca clarinetes y saxofones a lo largo del álbum, pero también considera el proceso de grabación y mezcla como una actividad compositiva por derecho propio. Se puede decir que este CD no es una grabación de una obra de arte musical, sino una obra de arte musical en sí.