La lucha entre la inspiración momentánea y las exigencias morales de las grandes Formas le costó a Schumann, con el tiempo, una caída en el olvido. Los Tres Romances op. 94 no son confesiones líricas, sino Formas-Sonata que se comprimen en el instante de su surgimiento en la conciencia. La naturaleza del cuento de hadas acompañó al romanticismo como una hermana distraída, impredecible, a veces malvada. Märchen, el cuento de un cuento de hadas, alude a una doble naturaleza característica del alma alemana. El espíritu del protestantismo anima el Märchenbilder op. 113, que se presentan como un Poema Sinfónico imprescindible en cuatro escenas. El Adagio y Allegro op. 70 revela la atracción de Schumann por la Ópera. La dialéctica entre lirismo y acción trepidante, que es el alma del teatro musical, se retoma aquí, como un aforismo, en el breve espacio de un gesto dramático. I Funf Stücke im Volkston op. 102 están sugeridas por una inspiración autobiográfica aún más evidente, y ya las oprime el sentimiento de incipiente locura. Finalmente, el Drei Phantasiestücke op. 73, las 'Piezas Fantásticas', resumen casi toda la obra de Schumann: ver la eternidad en un instante puede ser una bendición del tiempo, o la manifestación de una manía. Schumann siempre supo que este último destino era el suyo, en su música.