Más de un siglo después del histórico escándalo que supuso su estreno en el Teatro de los Campos Elíseos, La Consagración de la Primavera se ha convertido en uno de los imprescindibles del repertorio sinfónico moderno. Y si las fuerzas telúricas generadas por Stravinsky encuentran su fuente en la Rusia pagana, es bajo los arabescos de los palacios andaluces donde Péter Eötvös se inspiró para su tercer concierto para violín, cuyas dedicatorias Isabelle Faust y Pablo Heras-Casado ofrecen aquí la primera grabación.