El foco de este disco es la artesanía y la unidad de hacer música como alternativa a la especialización, que hoy nos obliga a separar actividades y habilidades. Hacer música en el sentido de componer, interpretar y grabar, siguiendo un proceso riguroso y profesional, evitando compartimentalizaciones. Así, Riccardo Parrucci, músico y flautista, aparece en el álbum como compositor, ingeniero de sonido y asesor en algunas elecciones interpretativas y interpretativas. Filippo Rogai, que seleccionó las piezas, desempeña su papel de intérprete sin renunciar a su implicación en el proceso compositivo de Parrucci. La sinergia entre ambos crea un continuo de ideas, sugerencias e imágenes que acompañan al oyente a través de las distintas piezas (desde Telemann y Varèse hasta compositores contemporáneos como George Benjamin, Gary Schocker, Katherine Hoover, Cristóbal Halffter y Lowell Liebermann, además de Parrucci), cuya orden ejecutiva fue objeto de reflexión y elaboración, más allá de la intención cronológica más habitual.