Tocar piezas para piano solo le permite al pianista manejar los tres elementos principales de la música: ritmo, armonía y melodía. La armonía traza caminos emocionales que, en la improvisación jazzística, pueden descubrirse al mismo tiempo que se componen. El ritmo, fundamento de la vitalidad, es oscilación, compás, movimiento primordial, pulsación y danza. La melodía habita al oyente con su inmediatez e instantaneidad. La tarea de las artes, como la música, es reconstruir la unidad de estos elementos y también admitir la falibilidad de todos los esfuerzos humanos. En la ejecución de un solo de piano no hay compromisos ni redes de seguridad; No hay donde esconderse. El piano solo expone al intérprete desde todos los lados, sin dejar seguridad. Por eso es una experiencia total, completa, fascinante y terrible al mismo tiempo; en definitiva, una experiencia vital.