Como no podía ser de otro modo, este libro empieza con un viaje que pretende reproducir y experimentar la primera de muchas fugas de Rimbaud en 1870, huyendo de su madre. Tesson repasa los inicios artísticos del enfant terrible: desde sus primeros versos en latín hasta las ansias de aventura que lo condujeron a Abisinia, pasando por los círculos parisinos de salones de los cuales no quiso formar parte. También se adentra en expresiones y versos que encumbraron al poeta, como su popular «yo es otro», que le permite reflexionar sobre la escisión del sujeto moderno, o su famoso poema de las vocales. Además, Tesson reivindica la creencia compartida con Rimbaud: solo el movimiento estimula las ideas y las imágenes que permiten escribir.