Escrita en prisión al calor de brutales palizas y toda suerte de malos tratos, amén de otras degradantes privaciones, Mohammadise las ingenia para preservar su coraje y talento intactos a fin de llevar a buen puerto su firme propósito: sacar a hurtadillas de la prisión iraní donde da con sus huesos el manuscrito de su autobiografía, y, una vez a buen recaudo –en la más azarosa de las clandestinidades–, confiar a sus más allegados la organización del operativo para asegurar la entrega en su destino final, Noruega, donde aguarda el último eslabón de la cadena que hará posible su publicación. Con la urdimbre propia de un diario de prisión, excepción hecha de algún que otro interludio en libertad, y valiéndose para tal fin de una prosa lacónica y desgarradora, Mohammadi da cuenta aquí de su propia peripecia vital, penal e ideológica, transportándonos por recuerdos, reflexiones, epifanías, anécdotas y otros azares de un discurso inasequible al desaliento y la capitulación. Si en La torturablanca [Alianza Editorial, 2023] la autora ofrecía una muestra coral del infierno padecido por otras mujeres en las mazmorras del régimen, la autora hace aquí otro tanto pero con su propia singladura carcelaria, si bien poniendo el acento en el relato de su lucha para traer a su país la igualdad, el respeto a la mujer –desde la plataforma quefundó y lidera: Mujer, Vida, Libertad–, la democracia, las libertades fundamentales y la inexcusable observancia de los derechos humanos. Derechos, estos últimos, a menudo invocados por quienes más los pisotean –como así lo atestigua la agresión imperialista en curso que asola Irán, y que no ha servido sino para recrudecer, aún más, la situación de los presos políticos enfrentados al régimen chiita, así como para sofocar las revueltas y endurecer la represión perpetrada por los sátrapas de la teocracia con mando y plaza–. Otrora crisol de etnias, culturas –y los más diversos credos– Irán lleva desde 1979 sometido a los designios del hatajo de exégetas acaso más fundamentalista y represor –excepción hecha de los montaraces talibanes de doctrina suní– de cuantos cleros de fe musulmana proliferaron por su vecindario. Preceptos islámicos que traen causa de una lectura sesgada (y muy radicalizada) de la suerte que aguarda a fieles (e infieles) en el ocaso de este impío –y cada vez más contestado– régimen teocrático.