Erich J. Wolff fue amigo y contemporáneo de Schoenberg y Zemlinsky. Sus canciones tuvieron un gran éxito y fueron muy admiradas antes de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, la trágica muerte prematura de Wolff contribuyó a que su música haya caído casi en el olvido. La mayoría de las canciones de esta selección, que datan de su última década, abarcan desde el encantador ciclo infantil Vier Kinderlieder von Richard Dehmel hasta la incomparablemente profunda escena del cementerio de Friedhof. El recital concluye con la radiante Mein Meister, una de las últimas canciones de Wolff.