Después de que Haydn compusiera Las siete últimas palabras para orquesta de cámara como acompañamiento devocional de la liturgia del Viernes Santo en la Catedral de Cádiz en 1786, durante su vida se hicieron varios otros arreglos, por él mismo y por otros, todos ellos familiares para nosotros ahora: como un oratorio con solistas y coro, y en cuarteto de cuerdas y transcripciones para teclado solista. El ciclo siguió atrayendo a los arreglistas después de la muerte de Haydn. En su búsqueda, el flautista Rafael Ruibérriz de Torres dio con un manuscrito de Francisco Asenjo Barbieri, quien lo transcribió para flauta y cuarteto de cuerda en 1840. El arreglo de Barbieri presenta una concepción romántica de la obra de Haydn en la que la parte de la flauta adquiere la misma importancia que el resto de instrumentos, dando color y brillo a las partes del cuarteto. El álbum también forma una especie de secuela de la grabación de Brilliant Classics de los quintetos de flauta de Boccherini (96074) realizada por Rafael Ruibérriz de Torres y La Spagna.