Desde el siglo XVI hasta finales del XVIII, la viola da gamba experimentó una auténtica apoteosis, convirtiéndose en el instrumento predilecto del entretenimiento burgués, especialmente en Alemania, Francia, Italia e Inglaterra, aunque sus orígenes se remontan al Renacimiento español. El interés por el instrumento persistió durante el siglo XIX, hasta su renacimiento gracias a los violonchelistas alemanes Christian Döbereiner (1874-1961) y Paul Grümmer (1879-1965), y posteriormente al austriaco Karl Maria Schwamberger (1905-1967) y al violonchelista suizo August Wenzinger (1905-1996), alumno de Grümmer y fundador, en 1925, de uno de los primeros conjuntos de música antigua de Alemania.